El baño frío o “micvé” donde los judíos de Zaragoza, y especialmente las mujeres, se purificaban, estuvo ubicado dentro de lo que fue la judería de la capital aragonesa, junto a la muralla romana. Esta es una de las conclusiones que se extraen del libro “Los judíos de Zaragoza y los baños”, escrito por la investigadora Asunción Blasco y publicado por la Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza. Esta mañana lo han presentado en rueda de prensa la propia autora y el director de la IFC, Carlos Forcadell.
“Ahora sabemos que el baño frío o ‘micvé’ se localizaba muy cerca del Coso 126-132, donde se conservan todavía los que popularmente se conocen como baños judios, cuyo uso fue meramente higiénico, y que fueron compartidos por hombres y mujeres de las tres religiones que cohabitaban en la Edad Media en Zaragoza: cristiana, musulmana y judía”, sostiene Blasco, que avisa de que ha habido una “confusión continuada” en este tema.
A lo largo de 200 páginas, la autora sustenta sus investigaciones con el estudio de 128 autores españoles, europeos y de otros continentes, y sobre todo a partir de los datos obtenidos en más de 200 documentos de la época medieval (el más antiguo del año 1266), procedentes de archivos aragoneses (especialmente del Archivo Notarial y del Archivo de la Corona de Aragón), varias fotografías del interior de los baños que se conservan en el Coso (dos imágenes de finales del siglo XIX de los hermanos Gastón de Gotor así como otras que durante el siglo XX se tomaron del interior de este espacio) y varios planos de diferentes épocas o noticias publicadas en el último siglo en la prensa aragonesa. Se trata de publicación exhaustiva y completa sobre los baños higiénicos o del Rey y sobre el baño frío (o “micvé”) que los judíos de Zaragoza utilizaron durante la Edad Media y sobre su devenir tras la expulsión de 1492 hasta nuestros días.
Para Carlos Forcadell “este libro es un elemento importante y valioso para el patrimonio histórico y cultural de Zaragoza y conocer y difundir así el pasado judío de Zaragoza y de nuestra Comunidad en general”.
Diferentes tipos de baños
A lo largo del libro, Asunción Blasco distingue y documenta dos tipos de baños que, según las religiones, se utilizaban en la Edad Media. Por una parte se refiere a los baños higiénicos y comunes que utilizaban las tres religiones que cohabitaban en Zaragoza: estudia su localización, el uso que se hacía de ellos y la estructura de estos espacios, de los que en Zaragoza se conservan los ubicados en el Coso 126-132, que si bien no se pueden visitar, cuentan con notable documentación, como refiere y documenta la autora. A juicio de la propia Asunción Blasco, estos datos los sitúan como obra mudéjar del siglo XIII y formaban parte del patrimonio real. “Parece que ha llegado la hora de que se les denomine como se les llamaba cuando estaban en funcionamiento: los baños del Rey o, mejor, el baño del Rey”, recoge la catedrática en esta publicación.
Por otra parte, figura el baño frío o “micvé”, instalación necesaria en una comunidad judía para la purificación de sus varones, y sobre todo de sus mujeres, e incluso de determinados utensilios, y que según Asunción Blasco, sitúa en Zaragoza próximos a los anteriores, aunque “no eran los mismos puesto que estaban al otro lado del Coso, junto a la sinagoga mayor”.
El libro explica qué es un “micvé”, los requisitos que se exigen para su construcción de acuerdo a las leyes rabínicas, su estructura, cómo se usaban y con qué fines. También menciona otros baños rituales documentados en la provincia de Zaragoza como en Borja (en una caverna excavada en el muro de la villa), Alagón (junto al huerto de Garci Muñoz en 1443), Calatayud (próximo a la casa de los Santángel), Tarazona (cerca del río Queiles), Magalllón (colindante con un huerto de Pedro Pueyo en 1492) y Arándiga.
La autora
Asunción Blasco, natural de Alicante, se licenció en la Universidad de Zaragoza donde se doctoró en 1987 con una tesis sobre “Los judíos de Zaragoza en el siglo XIV”. Es catedrática emérita de Ciencias y Técnicas Historiográficas y desde su jubilación es profesora colaboradora extraordinaria la Universidad de Zaragoza.
En 1992 se trasladó a Jerusalén durante seis meses como profesora invitada por el Instituto de Estudios Avanzados. Durante su vida académica ha compaginado docencia e investigación en archivos aragoneses y en el Archivo de la Corona de Aragón; se ha centrado en la historia medieval de la Baja Edad Media y sobre todo los judíos, especialmente en los de Zaragoza, que ha estudiado desde una amplia perspectiva.
Fue pionera en los estudios sobre mujeres judías y siempre se ha interesado por combatir tópicos e hipótesis infundadas tomando como punto de referencia las fuentes documentales, pues además de historiadora es paleógrafa.
Es precisamente sobre todas estas fuentes archivísticas en las que se basa la publicación que hoy se ha presentado.

