Una representación de 21 diputados provinciales, encabezados por la vicepresidenta, Teresa Ladrero, han participado en la festividad de los Corporales de Daroca, declarada desde 2006 Fiesta de Interés Turístico de Aragón y en la que la Diputación de Zaragoza participa desde hace más de 60 años.
Cada año, la Diputación de Zaragoza acompaña a los vecinos y vecinas de Daroca para conmemorar esta festividad, una de sus tradiciones más queridas y reconocidas.
La comitiva ha asistido primero a la eucaristía celebrada en la iglesia colegial de Santa María, desde donde luego ha partido en procesión por las calles del casco histórico de Daroca, cubriéndose de un colorido manto de flores
La vicepresidenta de la DPZ, Teresa Ladrero, ha destacado que la Diputación de Zaragoza “refrenda su compromiso con las raíces históricas y culturales aragonesas”, y compartir esta jornada “refuerza nuestra cercanía y respaldo al patrimonio inmaterial”.
Los Corporales de Daroca, además de su profundo significado religioso, constituyen una expresión cultural que dura desde la Edad Media. Con elementos tan singulares como la mula sagrada, las esculturas en la Torreta, y la participación popular, la festividad mantiene viva una tradición ancestral, custodiada con orgullo por la comunidad darocense.
Historia sagrada del milagro eucarístico
El milagro de los Corporales de Daroca se remonta a 1239. El noble Berenguer de Entenza lideraba en las cercanías de Valencia compañías llegadas de Daroca, Calatayud y Teruel para hostigar a los musulmanes al sur del Júcar tras la conquista de Valencia por Jaime I.
Berenguer de Entenza, ante el asedio, ordenó a mosén Mateo, clérigo de la iglesia de San Cristóbal de Daroca, que celebrara una misa. Durante la misma y al levantar el sacerdote el paño donde se guardaban seis hostias, estas estaban empapadas en sangre.
El hecho se consideró como un milagro y los cristianos se lanzaron a la lucha encabezados por el cura, que sobre un asno blanco mostró durante la batalla las hostias ensangrentadas.
Desde entonces, esta villa zaragozana custodia estas reliquias en la Basílica de Santa María.

