La Diputación de Zaragoza ha conmemorado el 125 aniversario del nacimiento de María Moliner, que se está celebrando este año, dedicándole una sala de la Institución Fernando el Católico (IFC) a la filóloga, bibliotecaria y lexicógrafa nacida en Paniza. En el acto, al que ha asistido la vicepresidenta de la Diputación de Zaragoza, Teresa Ladrero, se ha descubierto también un retrato obra del pintor José Luis Cano y se ha proyectado el documental “María Moliner. Tendiendo palabras” de Vicky Calavia.
La vicepresidenta de la Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza, Mercedes Trébol, ha abierto el acto, en el que han intervenido también el director de la Institución Fernando el Católico, Carlos Forcadell; y el autor del retrato, José Luis Cano.
La vicepresidenta de la Diputación de Zaragoza ha puesto en valor la figura de María Moliner y su “gran proeza”, el “Diccionario de Uso del Español (DUE)”. “Una obra colosal, que escribió ella sola en su propia casa”, ha resaltado Ladrero. “Con la apertura de la Sala María Moliner hacemos más visible la apuesta de la Diputación por la memoria democrática y el papel de las mujeres. Este espacio institucional simboliza la convergencia de dos ideas: recuperar a quienes el franquismo intentó silenciar y proyectar su legado hacia el futuro. Dedicamos esta sala a una mujer porque queremos que nuestra cultura oficial sea inclusiva y reparadora”, ha destacado la vicepresidenta de la DPZ.
Por su parte, Trébol ha recordado que la Diputación de Zaragoza hace ya 40 años que puso en marcha la Cátedra lingüística María Moliner dirigida por una mujer, María Antonia Martín, presente también en el acto. “Recordar a María Moliner y su valentía ante los hombres hizo que el mundo sea hoy más igualitario y mejor” , ha aseverado la vicepresidenta de la Institución Fernando el Católico de la DPZ.
La sala María Moliner -antes denominada sala de publicaciones- forma parte de la Institución Fernando el Católico, dependiente de la Diputación de Zaragoza. Entre las miles de publicaciones que la IFC ha editado a lo largo de su historia, destacan cuatro en las que se hace alusión a la labor de María Moliner: “El Estudio de Filología de Aragón. Historia de una institución y de una época”, de José Luis Aliaga y María Pilar Benítez; “La lexicografía hispánica ante el siglo XXI. Balance y perspectivas”, de María Antonia Martín y José Luis Aliaga; el díptico “María Moliner”; y “Aspectos de lexicografía española” de José Luis Aliaga.
El retrato se ha descubierto en la sala María Moliner. Se trata de un acrílico sobre lienzo obra del pintor José Luis Cano con un marco creado por la artista Marisa Yera con el que se rinde homenaje a la destacada filóloga en el que se observa a María Moliner con su propio diccionario en las manos sobre un fondo en el que pueden leerse las acepciones de la palabra “fondo”.
El acto de conmemoración ha finalizado con la proyección del documental “María Moliner. Tendiendo palabras” de Vicky Calavia, en el que una presencia femenina nos conduce a través de los hechos importantes en la vida de María Moliner, destacando los términos que los definen y dibujan, y las definiciones que de éstos ofrece María en su propio diccionario, de manera que es una narración contada a través de sus propias palabras, destacando la fuerte impronta que la personalidad de María plasma en su obra magna: el Diccionario de Uso del Español.
María Moliner
María Moliner nació en Paniza el 30 de marzo de 1900. Es la autora del elogiado “Diccionario de uso del español actual”, obra de referencia de nuestro idioma, con el que pretendió acercar la educación a la clase trabajadora.
Junto a sus padres y sus hermanos Moliner se afincó en Madrid, donde recibió su primera instrucción. En 1912, su padre, médico de la Marina, decidió quedarse en Argentina y rehacer allí su vida, dando comienzo a un periodo duro en la vida de María Moliner, sus hermanos y su madre, que se vieron obligados a fijar su residencia en Zaragoza aunque pasaban largos periodos en Villarreal de Huerva. Con el fin de incrementar sus ingresos familiares, María se dedicó a dar clases particulares a la par que completaba su educación secundaria.
Entre 1918 y 1921 cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, cuando la presencia de la mujer en estos ámbitos todavía era escasa. Durante este periodo, tal y como ha recordado el director de la Institución Fernando el Católico, Carlos Forcadell, y bajo la dirección de Juan Moneva y Puyol, María Moliner trabajó durante cinco años como filóloga en el impulso del Estudio de Filología de Aragón, redactando fichas en el Archivo de la Diputación de Zaragoza.
Se licenció en Historia con Sobresaliente y Premio Extraordinario y en 1922 entró en el Cuerpo de Archiveros. Su primer destino la llevó hasta Simancas, donde permaneció hasta 1924, cuando obtuvo un puesto en el Archivo de Hacienda en Murcia. Allí conoció a su marido, el físico catalán Fernando Ramón, uno de los introductores en España de las teorías de Albert Einsten. En 1929 entró a trabajar en el Archivo Provincial de Hacienda. Durante los primeros gobiernos de la II República se creó el Patronato de Misiones Pedagógicas, en cuya delegación valenciana se integró María Moliner. En plena Guerra Civil, en septiembre de 1936, fue nombrada directora de la Biblioteca Universitaria y Provincial de Valencia.
En 1946 se instaló en Madrid de nuevo y pasó a dirigir la biblioteca de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales. Entre 1950 y 1965 va redactando, ficha a ficha, el “Diccionario de Uso del Español (DUE)”, que publicó Gredos en 1966 gracias a la mediación de Dámaso Alonso. En 1972 fue propuesta como candidata a la RAE, pero sin éxito.
En los dos extensos volúmenes del “El Diccionario de uso del Español” acoge más acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española y define los diferentes campos semánticos según las conocidas familias de palabras que agrupan los términos de significación más próxima.
Sus últimos años estuvieron ensombrecidos por la muerte de su marido y por el agravamiento de su arteriosclerosis cerebral, que le fue privando progresivamente de su lucidez hasta su fallecimiento en 1981 en Madrid.

