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Actualidad

04/07/2022

Discurso íntegro del presidente de la DPZ durante la ceremonia de entrega de las medallas de Santa Isabel

Nos hemos reunido en este salón de plenos, dos años después del comienzo de la terrible pandemia ocasionada por el COVID-19, para recuperar la ceremonia más solemne que celebra esta Diputación Provincial, el acto de entrega de sus galardones más importantes: la Medalla de Oro de Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal.

Y lo hacemos el 4 de julio, día de Santa Isabel, que como bien saben fue una infanta aragonesa, nacida en el Palacio de la Aljafería, hija de reyes, en concreto del rey Pedro III de Aragón y de la reina Constanza de Sicilia.

Es la patrona de la provincia de Zaragoza, por serlo también de la Diputación Provincial.  Por todo ello, esta jornada ha tenido y tiene para nosotros un significado tan especial, cargado de simbolismo, en el que premiamos valores y agradecemos servicios prestados a la provincia de Zaragoza y a sus ciudadanos.

Ese es el espíritu con el que hemos entregado hoy nuestro máximo galardón a doce personas, once hombres y una mujer.  Se trata de Hipólito Gómez de las Roces, Gaspar Castellano y de Gastón (a título póstumo), Alfredo Collados Vicente (a título póstumo). Fernando Peligero Gómez (a título póstumo), María Pilar Salvo Salanova,  Florencio Repollés Julve (a título póstumo), Carlos Alegre Sero, José Marco Berges, Pascual Marco Sebastián, José Ignacio Senao Gómez, Javier Lambán Montañés y Luis María Beamonte Mesa.

Quisiera insistir en que no se trata de un premio exclusivamente personal, para gratificar a uno u otro presidente, sino más bien lo concebimos como un reconocimiento a las sucesivas corporaciones provinciales que los doce homenajeados han presidido desde la Transición y durante la actual etapa democrática.

Por tanto, a través de las doce medallas que hemos entregado queremos rendir tributo no solo a quienes ejercieron la presidencia de la Corporación, sino a través de ellos al conjunto de los diputados provinciales que, tras el franquismo y con claras y decididas convicciones democráticas, se comprometieron con esta institución en pro de la provincia y en favor de sus 293 municipios y 3 entidades locales menores agrupadas en su territorio.

Reconociendo así la continuidad de una labor de la que todos fueron partícipes.  Por encima de todo les une el denominador común de la vocación de servicio y el haber fomentado el progreso de la provincia, al margen de las ideologías políticas de unos y de otras.

Del mismo modo, quiero destacar que este reconocimiento a las personas que han presidido la Diputación de Zaragoza desde la Transición y durante toda la etapa democrática, sirve también para honrar y homenajear a todos los trabajadores y las trabajadoras que ha tenido la institución durante ese tiempo, sin cuya labor y dedicación las políticas y las líneas de trabajo de la Diputación no habrían sido posibles.

Hoy celebramos esta ceremonia en el nuevo Salón de Plenos,  ya que este histórico espacio ha albergado este acontecimiento desde que estos edificios entraron en servicio en 2011, y estoy seguro que todos los presidentes aquí reunidos recuerdan con cariño y con algo de nostalgia ese antiguo Salón de Plenos, que durante décadas acogió las Sesiones Plenarias de la Corporación, amén de otros muchos actos de gran relevancia, no solo para la historia de la Diputación Provincial, sino para la propia historia de la Comunidad Autónoma de Aragón.

Y no podemos olvidar el imprescindible papel que juegan los distintos ayuntamientos y los alcaldes y alcaldesas de nuestros pueblos, pues para ellos y por ellos hay que trabajar desde la Diputación, ya que la potenciación de la provincia pasa única y exclusivamente por el desarrollo de cada uno de nuestros pueblos.  Decía Miguel Delibes, ‘ser de pueblo es algo muy importante. Cuando en España no importe el pueblo del que eres, casi todo se habrá acabado’.

Y las sucesivas corporaciones y sus presidentes hemos sido elegidos en nuestros pueblos y hemos intentado, con todas nuestras fuerzas y con los medios a nuestro alcance, paliar esas carencias y mejorar las condiciones de vida de nuestros municipios.  No ha sido ni es una tarea fácil, debido al acuciante problema de la despoblación y del envejecimiento de muchas comarcas de la provincia. Pero a pesar de las dificultades aquí seguimos en el empeño.

Este 2022 es un año rico en celebraciones de gran significación para la sociedad aragonesa.  Entre otras efemérides, se cumplen los cuarenta años de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Aragón, de especial trascendencia para nuestra Comunidad.  Pero quisiera hacer un inciso para recordar en este acto que también se cumplen doscientos años de otro acontecimiento muy relevante: la delimitación provincial de 1822, en pleno Trienio Liberal, durante el reinado de Fernando VII. Pero no fue hasta 1.833, según el diseño de Javier de Burgos, cuando resurgiera las actuales provincias y con ellas las diputaciones provinciales a su cargo y desde entonces una historia interrumpida hasta la actualidad, de la que nuestros homenajeados son protagonistas de primer orden.

Aludía a la celebración de mayor calado que vivimos en la actualidad: el 40 aniversario de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Aragón, un acontecimiento que sin ninguna duda merece la pena ser difundido y festejado, por lo mucho que supuso entonces y por lo que significa hoy el ordenamiento autonómico estatutario, cuatro décadas después de su puesta en marcha.

A este respecto, conviene que recordemos el importante papel jugado por las diputaciones provinciales durante la preautonomía, así como en la aprobación final y en los primeros pasos de la Diputación General de Aragón. Y en este contexto quiero reivindicar la contribución de la Diputación Provincial de Zaragoza en esa etapa inicial, pues no solo aportó recursos humanos para facilitar el éxito de ese proceso, sino que también aportó espacios, despachos y salones e incluso, como es bien sabido, edificios enteros para que el nuevo ente pudiera desenvolverse con eficacia.

La Preautonomía nace, por así decirlo, en esta sede provincial, de manera que el primer presidente de la preautonomía, Juan Antonio Bolea Foradada, instaló sus oficinas en el Palacio Provincial, que gentilmente había cedido sus salones a tal fin.  Como curiosidad cabe decir que, en la planta noble del edificio de la plaza de España, durante un tiempo convivieron dos presidentes: el de la Diputación Provincial y el del Aragón preautonómico, una interesante dualidad.

No solo estaba allí el despacho presidencial, en otros despachos y locales de la Diputación, algunos también en el sótano del edificio, se instalaron los primitivos órganos de gobierno y los funcionarios adscritos al naciente gobierno preautonómico.  En resumen, en una misma sede, existieron dos instituciones y sus correspondientes equipos de gobierno.  Algunos funcionarios veteranos de esta casa recuerdan con cariño los avatares de esa simbiosis institucional y mantienen la memoria viva de aquellos años, en el tránsito de los años setenta a los ochenta, cuando relatan de forma simplificada que: “la DGA surgió en los sótanos de la Diputación de Zaragoza.

El antiguo salón de plenos fue también utilizado por el primitivo ente autonómico, por carecer en aquel entonces de un espacio propio para sus sesiones. Muchos de los actos más solemnes de esos años decisivos para la Autonomía aragonesa se celebraron allí, bajo los lienzos pintados por Villaseñor, bajo esas pinturas con escenas que evocan la dureza del trabajo de la tierra y la importancia del esfuerzo.  En otra se representa la sed de los hombres y mujeres, que comparten solidariamente un tazón de agua ante un paisaje de extrema aridez.  Creo que todas estas imágenes, que hablan de tesón, esfuerzo y solidaridad, fraguaron también en la conciencia de aquellos primeros responsables autonómicos, que al igual que nuestros protagonistas de hoy, no permanecerían impasibles ante ellas.

Y qué decir de la joya de la corona que es el Edificio Pignatelli, sede principal del Gobierno de Aragón.  Compartimos el enorme acierto de la decisión tomada en 1983, en sesión plenaria de la Diputación Provincial presidida entonces por el recordado presidente Florencio Repollés, que aprobó la cesión gratuita de aquel imponente edificio, que albergó la Casa de Misericordia y el Hospicio Provincial, para que la Diputación General de Aragón pudiera instalar allí su sede con dignidad.  Todavía hoy, cuando asistimos a acontecimientos importantes en la Sala de la Corona de Aragón, ubicada en la capilla del hospicio, nos viene a la memoria su pertenencia durante siglo y medio al patrimonio de esta Diputación Provincial y lo trascendental que fue aquella cesión desinteresada en favor del incipiente Gobierno de Aragón.

Como ven, son muy estrechas las conexiones entre la Diputación Provincial de Zaragoza y la Diputación General de Aragón.  Y no menos importantes son los vínculos humanos.  De esta Diputación han salido nada menos que cuatro presidentes autonómicos: Hipólito Gómez de las Roces, Gaspar Castellano y de Gastón (fallecido en 2019), Jose Marco Berges y el actual presidente, Javier Lambán Montañés.  Con ello queda demostrado que las diputaciones provinciales, son instituciones de alta política que se nutren de municipalistas convencidos, y que en muchos casos pueden aportar y aportan lo mejor de su bagaje político a las instituciones básicas de todas las autonomías: el ejecutivo de la Comunidad y el Parlamento autonómico.

Este año celebramos los 40 años del vigente Estatuto de Autonomía de Aragón, pero nosotros estamos reconociendo hoy la labor de una presidenta y unos presidentes ejercida desde el final del franquismo y el inicio de la Transición hasta nuestros días.  Fueron aquellos primeros años, a caballo entre los setenta y los ochenta muy convulsos e inciertos, no exentos de dificultades ni de intentonas golpistas, que por fortuna fracasaron.  Por otra parte, fueron momentos ilusionantes con ganas de democracia y libertades, pero en el que casi todo, por no decir todo, estaba por hacer.  También y particularmente en los pueblos de la provincia.

En la gran mayoría de los municipios, por no decir en casi todos, no había infraestructuras básicas.  Las vías de acceso a muchas localidades eran deficientes, las redes de abastecimiento y saneamiento, cuando las había, eran muy precarias y los depósitos de agua se mostraban insuficientes en muchos casos.   Las líneas telefónicas no llegaban a muchos hogares y había que acudir al teléfono público ubicado en alguna vivienda particular. La pavimentación brillaba por su ausencia en muchas calles y el polvo y el barro reinaban por doquier.

Lo mismo ocurría con equipamientos que hoy consideramos básicos: no había espacios para la cultura, ni para el deporte, ni para el ocio festivo.  No había locales culturales, ni bibliotecas mínimamente dotadas, ni piscinas, ni pabellones multiusos, ni zonas de juego para los niños ni de recreo para los mayores.  Incluso, la mayoría de los ayuntamientos carecía de de una casa consistorial digna de dicho nombre.

¿Cómo ha llegado a revertirse esa situación?  En buena medida, gracias al apoyo prestado a los ayuntamientos por las diputaciones provinciales, por el empeño de los diputados que han integrado las sucesivas corporaciones desde la Transición, por la labor todos los trabajadores de la institución y por el trabajo desinteresado de alcaldes y alcaldesas.  Por ello están aquí presentes los doce presidentes que me han precedido y por eso a través de su figura hemos querido reconocer la ingente labor que han realizado las    sucesivas corporaciones y el conjunto de los trabajadores de la Diputación en sus diferentes mandatos.

Quiero destacar también el papel de la mujer en estas Corporaciones Provinciales.  La presencia de diputadas y trabajadoras ha venido incrementándose paulatinamente, al igual que lo ha hecho el número de concejalas en los municipios de la provincia.  Hoy en día hay un nutrido grupo de alcaldesas al frente de sus respectivos ayuntamientos.  En la nómina de presidentes provinciales que hoy reconocemos figura una mujer.   Y por eso su retrato figura en la galería de presidentes del vestíbulo de presidencia con toda justicia.  Se trata de una galería esencialmente masculina, pero Pilar Salvo rompe esa dinámica y sin duda habrá otras mujeres que seguirán su estela.

Queridos galardonados, apreciados presidentes: ayudadnos también a visibilizar esta realidad que nos implica como pueblo, como región y como país, porque en eso nos va en gran parte nuestro futuro.

Muchas gracias.

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