Hoy, 6 de diciembre, la Diputación Provincial de Zaragoza se une a la conmemoración del aniversario de la Constitución Española de 1978, una obra histórica de concordia que permitió a los españoles y españolas alumbrar un marco de convivencia duradero, capaz de integrar un proyecto común y, al mismo tiempo, amparar la pluralidad y la riqueza de las diversas realidades que conforman nuestro país.
El 6 de diciembre de 1978 la Carta Magna trajo modernidad, libertad y dignidad a España. Proporcionó a la ciudadanía derechos fundamentales y otorgó a nuestras instituciones un armazón jurídico sólido sobre el que construir un Estado social y democrático de derecho estable y plenamente homologable a las grandes democracias occidentales. No fue un camino fácil. En este año en que se cumplen cincuenta años del final de la dictadura de Francisco Franco, recordamos con especial gratitud el espíritu de entendimiento que presidió la Transición. Las iniciativas “España en Libertad”, impulsadas por el Gobierno de España, evocan estas cinco décadas de avances, sin duda las más fructíferas de nuestra historia reciente.
Las diputaciones provinciales hemos sido partícipes de este devenir histórico. Nacidas hace casi dos siglos, en 1833, bajo la reforma territorial de Javier de Burgos, y mencionadas ya en la Constitución de 1812, las diputaciones simbolizaron la ruptura con estructuras administrativas heredadas de la Edad Media, abriendo paso a un modelo territorial más racional, capaz de promover la prosperidad y el bienestar. Desde entonces, también la Diputación de Zaragoza ha ejercido sus competencias en materias como obras públicas, agricultura y ganadería, beneficencia, sanidad, hacienda o educación, adaptándose a los sucesivos periodos constitucionales y políticos, democráticos o no, que ha atravesado nuestro país.
A lo largo del reinado de Isabel II, la monarquía de Amadeo I, la Primera República, los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la larga dictadura posterior a la trágica Guerra Civil de 1936-1939, la Diputación Provincial de Zaragoza mantuvo su compromiso con la defensa y el impulso de la vida municipal.
Con la Constitución de 1978, aprobada en referéndum por una amplia mayoría de los españoles, quedó asentado un sistema democrático que otorgó reconocimiento pleno a los derechos fundamentales y estableció un nuevo equilibrio territorial en el que convivimos diputaciones provinciales y comunidades autónomas. Esta arquitectura institucional ha garantizado, durante más de cuatro décadas, la paz social, la estabilidad política, la convivencia plural y el progreso de la España democrática.
Gracias al marco constitucional, nuestro país ha experimentado un avance extraordinario en todos los ámbitos: crecimiento económico, desarrollo social, igualdad real, pluralismo político y fortalecimiento del Estado de Derecho. Tales logros merecen la gratitud y el homenaje de las instituciones públicas.
El futuro exige, hoy como ayer, altura de miras, generosidad, espíritu de pacto y voluntad de concordia, valores que inspiraron a quienes dieron vida a la Constitución hace 47 años. Conmemorar este día es rendir homenaje a la ciudadanía española y reafirmar nuestro compromiso de garantizar todos los derechos y libertades que la Constitución proclama.
Los gobiernos locales han adquirido una presencia cada vez más relevante en la acción social, territorial y política de España. Sus responsabilidades han crecido, no siempre acompañadas de los recursos necesarios. Por ello, celebrar el Día de la Constitución es también reconocer el papel decisivo que las entidades locales desempeñan en el progreso de nuestro país. Los 293 municipios y las 3 entidades locales menores de la provincia de Zaragoza son pilares esenciales para asegurar el bienestar y la cohesión de nuestra comunidad humana.
En esta jornada, deseamos rendir homenaje sincero a todas las personas que, desde la Diputación Provincial de Zaragoza, contribuyeron a la normalización democrática desde la muerte del dictador en noviembre de 1975 hasta las primeras elecciones municipales libres de abril de 1979. Aquella constitución de los primeros ayuntamientos democráticos fue una verdadera fiesta de la libertad, expresión de una sociedad madura que supo estar a la altura del momento histórico.
La aprobación del Estatuto de Autonomía de Aragón en 1982 —heredero del Anteproyecto de Estatuto de Caspe que no se pudo aprobar en 1936— completó el mapa competencial de nuestra democracia y, junto con la Constitución de 1978, continúa siendo el marco que ordena nuestra vida pública y garantiza los derechos y deberes de todos los zaragozanos y zaragozanas.
Sigamos sintiéndonos orgullosos de ser zaragozanos, aragoneses, españoles y europeos. Sigamos creciendo juntos. Y sigamos renovando, cada 6 de diciembre, nuestro compromiso firme e inquebrantable con la Constitución Española, piedra angular de nuestra libertad y de nuestra convivencia.

